«Hay un discurso dominante que banaliza el riesgo de los opiáceos, amplificado por las redes sociales» Juaneda

«Hay un discurso dominante que banaliza el riesgo de los opiáceos, amplificado por las redes sociales»

●  El Dr. Federico Carabot, médico anestesista y miembro del Comité de Investigación de Juaneda Hospitales, ha realizado su tesis doctoral sobre este fenómeno

La percepción social del fentanilo (potente fármaco opiáceo sintético aprobado como analgésico y anestésico, siempre bajo rigurosa prescripción y control médico) se ha ido desdibujando, especialmente en redes sociales, donde este opioide —hasta 50 veces más potente que la heroína— aparece con frecuencia trivializado. El Dr. Federico Carabot, médico anestesiólogo de Juaneda Hospitales, ha realizado la tesis doctoral “Análisis de contenido sobre la crisis de los opioides en redes sociales” (sobresaliente cum laude, Universidad de Alcalá, julio de 2024). En esta entrevista analiza el proceso que ha generado esta situación y sus implicaciones, ahora tan de actualidad. El análisis evidenció una tendencia preocupante en redes sociales por la trivialización del uso recreativo de estos fármacos y una baja conciencia pública sobre sus graves consecuencias y riesgos.

—¿Es el dolor la principal causa de búsqueda de medicamentos?

El dolor constituye una de las principales razones por las que las personas buscan atención médica y representa un problema de salud pública de gran magnitud.  El Estudio de la Carga Global de Morbilidad de 2016 confirmó que el dolor y las enfermedades relacionadas con él son la principal causa de discapacidad a nivel mundial. Si se analizan los años vividos con discapacidad, la lumbalgia y el dolor cervical ocupan de forma consistente los primeros lugares a nivel internacional, junto con otras afecciones de dolor crónico que se sitúan entre las diez principales causas de discapacidad global. Este contexto lleva contribuyendo, desde la década de los 90, a un aumento sostenido de la prevalencia del dolor crónico, impulsado por factores como mayores expectativas de los pacientes respecto al alivio del dolor, el envejecimiento de la población, el aumento de la obesidad, una mayor supervivencia tras traumatismos y cáncer, y una creciente frecuencia y complejidad de procedimientos quirúrgicos.

—¿Cómo ha cambiado/evolucionado  el tratamiento del dolor en este tiempo?

Actualmente, en el tratamiento del dolor crónico se ha dejado atrás la visión simplista de “recetar un analgésico”. Ha crecido el reconocimiento del dolor crónico como una enfermedad en sí misma, no sólo un síntoma, lo que ha favorecido la creación y expansión de unidades del dolor multidisciplinares especializadas, que abordan todas las esferas del paciente afectadas. Además, ha sido objeto de mucha investigación y por ello se ha avanzado enormemente en el conocimiento de la fisiopatología del dolor, y de los tratamientos. Se han desarrollado mejores opciones terapéuticas farmacológicas y a integrar técnicas intervencionistas (bloqueos nerviosos, infiltraciones, radiofrecuencia, neuromodulación…) con menos efectos secundarios.

—¿Cómo encaja la crisis de los opioides de Estados Unidos en esta evolución?

En los años 90, la industria farmacéutica promocionó de manera engañosa analgésicos opioides como la oxicodona, minimizando su potencial adictivo y fomentando usos no autorizados. No se trata de la oxicodona que conocemos hoy, posteriormente se ha reformulado y actualmente es un fármaco seguro bajo vigilancia médica. En aquella época, muchos pacientes accedieron a estos opioides sin que se evaluaran bien los riesgos, lo que provocó la primera fase de la crisis de opioides en Estados Unidos. Cuando los controles se endurecieron, la heroína se convirtió en alternativa, marcando la segunda fase. Hoy,el problema radica en el fentanilo ilícito. Este fármaco se utiliza legalmente para tratar dolor severo, generalmente oncológico o paliativo, y excepcionalmente provoca problemas recetado por profesionales sanitarios. Sin embargo, en 2023 hubo más de 70.000 muertes por sobredosis relacionadas con fentanilo ilegal distribuido por carteles de narcotráfico.

—¿Cómo ha cambiado la forma en que la sociedad vive y expresa el dolor, estamos ante una nueva manera de afrontar el dolor y el sufrimiento en la era digital, qué nos dice el uso de redes sociales sobre cómo la sociedad gestiona hoy el dolor?

Creo que la sociedad ha cambiado mucho la forma de relacionarse con el dolor, y no solo me refiero al dolor físico, sino también a otras afecciones como los problemas mentales. Durante años muchos pacientes han convivido con este tipo de sufrimiento en silencio, rodeados de estigmas. Afortunadamente, podemos decir que este patrón está cambiando: hoy se verbaliza más el dolor o la depresión, ansiedad, insomnio… que muchas veces se asocia, se habla abiertamente y se busca ayuda profesional con menos miedo al juicio. No es coincidencia que este cambio haya coincidido con la explosion digital que vivimos. Los avances tecnológicos han provocado y siguen provocando cambios en la salud y todo lo que le rodea. Las redes sociales se han convertido en un espacio donde muchas personas se sienten seguras para expresarse, preguntar o compartir experiencias, a veces incluso desde el anonimato de un perfil falso. Ese entorno digital no sustituye al sistema sanitario, pero sí refleja cómo la sociedad ha evolucionado.

—¿Aquí se inicia su investigación?

Exacto. Nuestro equipo decidió investigar qué percepción tiene la sociedad sobre los fármacos que los médicos usamos para el tratamiento del dolor crónico, no solo opioides, sino también todos los analgésicos y otros medicamentos que a veces incluimos, como algunos antidepresivos o antiepilépticos. Tradicionalmente, este tipo de estudios se realizaban mediante encuestas, entrevistas o directamente en consulta con el paciente. Nosotros innovamos y optamos por un estudio de infodemiología, que consiste en analizar lo que la gente comparte en internet sobre temas de salud, en nuestro caso a través de redes sociales. Como he comentado antes, en las redes la población se siente menos juzgada, lo que nos permite acceder a información más auténtica, espontánea y con lenguaje natural, evitando lo que llamamos sesgo de deseabilidad social: la tendencia del paciente a dar respuestas “bonitas”, a decir lo que cree que quieres escuchar o a ocultar lo que realmente piensa o siente, sobre todo en temas delicados como el mal uso o la adicción a fármacos. Gracias a las redes sociales, este sesgo se reduce y podemos obtener una visión mucho más fiel y valiosa de cómo se perciben los medicamentos y el tratamiento del dolor. Así, recopilamos todas las publicaciones de Twitter, en español e inglés, entre 2017 y 2019, que mencionaban el nombre de un medicamento aprobado por agencias reguladoras para el tratamiento del dolor. Se recogieron más de 500.000 mensajes. Analizamos manualmente y entrenamos a un programa de inteligencia artificial con ejemplos reales para entender las publicaciones y reconocer patrones y opiniones de forma automática. 

—¿Cuáles han sido los resultados?

Los resultados mostraron que la mayoría de las publicaciones procedían de los propios pacientes, especialmente cuando se hablaba de opioides mayores, como la morfina o el fentanilo, y que el foco principal de la conversación era la eficacia percibida del tratamiento, relegando a un segundo plano los riesgos y efectos adversos. En el caso de los opioides menores como el tramadol, predominaban contenido no médicos y una clara falta de conocimiento sobre los riesgos asociados. 

—¿Y para los opioides mayores?

Para opioides mayores, como el fentanilo, se observó una elevada participación de pacientes y marcadas diferencias en la forma en que se discutían beneficios y efectos secundarios. De manera global, el análisis evidenció una tendencia preocupante a la trivialización del uso recreativo de estos fármacos y una baja conciencia sobre sus consecuencias, lo que subraya la importancia de la infodemiología como herramienta esencial para vigilar la desinformación, anticipar riesgos emergentes y diseñar estrategias de comunicación sanitaria más eficaces en la era digital. 

—¿Qué es y para qué nace la infodemiología?

La infodemiología nace como una disciplina que analiza cómo se genera, difunde y consume la información relacionada con la salud en entornos digitales, especialmente en redes sociales. Su función es clave para detectar desinformación y bulos, comprender cómo influyen los mensajes en las percepciones y comportamientos de la población y apoyar una comunicación sanitaria clara, veraz y oportuna. Para los profesionales sanitarios, nuestra misión es acompañar a los pacientes comprendiendo toda su problemática. En este sentido, las redes sociales funcionan como un “fonendo digital” que nos permite oír de manera amplia qué está pasando en la población. Pero además, internet y las redes se han convertido en un canal mediante el cual la salud pública devuelve información a la población, ofreciendo promoción de la salud, educación sanitaria y prevención de enfermedades, contribuyendo así a que la sociedad tome decisiones más informadas y saludables.


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